Miedo a la vejez y a la muerte. el deseo de no morir.

Posted on 4 marzo 2010. Filed under: Uncategorized |


PSICOLOGÍA
Dra. Virginia Viguera, psiquiatra. Directora de la revista Tiempo
Los miedos en los adultos mayores
El miedo a morir
Junto a la idea de tiempo, y sin duda ligada a ella, aparece en el envejecimiento la idea de la muerte que desencadena un estado muy peculiar.
Si bien nos interrogamos siempre acerca de la muerte, algunas veces desde la realidad y otras desde la fantasía, este interrogarse toma otras características en esta etapa: la muerte se hace presente, se aparece como propia, ya no son otros los únicos que mueren, no está cerca o lejos, ahora la pregunta es sobre la propia muerte.
Pero además de peculiar y de angustioso, este encontrarse con la idea de la muerte permite preguntarse por otras pérdidas, resignificarlas y abordar duelos no elaborados en su momento.
También la toma de contacto con la idea de la muerte, al igual que la de tiempo, aparece ligada a distintas circunstancias que la desencadenan (muertes cercanas, enfermedades, alejamiento de los hijos, separaciones, jubilación, etc.) No es posible vivir la propia muerte porque no hay registros ni en la conciencia ni en el inconsciente de su experiencia.
La única vivencia cierta es la de “no ser” a través del conocimiento que nos da la muerte de otros seres vivos. La idea de la muerte suscita temores desde dos perspectivas: en relación al acto de morir y al “después” de la muerte.
Ya sea que se considere al morir como el fin o como el tránsito a otra cosa, despierta temor. Sentimientos de posible sufrimiento, pero en especial de extrema soledad y desamparo. El temor a morir solo, o a enfermarse sin recibir asistencia, es muy común.
Creemos que poner a disposición los adelantos tecnológicos, como teléfonos ya programados al alcance de la mano para llamar a una emergencia, a un vecino, a un familiar, es una solución posible.
También la interrelación con pares y códigos de comunicación diaria, un acompañante o un cuidador para los momentos más difíciles.
Cuando hay enfermedades que producen discapacidad, miedos muy marcados o inquietud de la familia, el vivir solo no se haceposible. Se abre ahí toda la polémica acerca de la eficacia o confortabilidad de los hogares para la vejez.
El miedo a lo desconocido
En cuanto al “después”, se agrega el miedo a lo desconocido. Algunos sienten alivio si su creencia los lleva a pensar en nuevas vidas o reencarnaciones, como los orientalistas, o bien al encuentro con Dios o con seres queridos.
Aunque trabajemos con los conceptos anteriores, o con la idea de la muerte como final, como no- existencia, ubicamos el centro del enfoque en el vivir. De ahí que si consideramos a la muerte como inherente y necesaria a la vida, valorizamos el tiempo de vivir.
La muerte no es propia de ninguna edad, aparece en cualquier momento, pero es sin duda más esperable en la vejez.
Las actitudes frente a la idea de muerte han ido variando a través del tiempo y de las distintas sociedades y culturas. Pero también se modifica a lo largo de la propia vida y en relación a la realidad personal y socio-cultural de cada individuo, lo que le imprime un sello único.
Depende en gran medida de las pérdidas vividas y de la elaboración de los duelos correspondientes, como así también del contexto afectivo con el que cuenta el adulto mayor.
Ya la magia y la omnipotencia no le llevan a decir “yo no”. Se puede tener una aceptación pasiva de la muerte, resignada, con sufrimiento y repliegue, que lleva implícito una espera aunque todavía no esté anunciada.
Pero también se puede tener una aceptación activa, con reflexión y nuevos proyectos, esto es, una lucha por vivir. El poder hablar de estos miedos, escribirlos, dramatizarlos tantas veces como sea necesario, hace que dejen de ser temas tabú, prohibidos, peligrosos, y dejen de constituirse en fantasmas.
Además el tratar los miedos y prejuicios dentro de un ámbito grupal, como lo hacemos en los Seminarios de Reflexiones sobre el Envejecer, o en el de Resiliencia, refuerza el efecto tranquilizador. El grupo, en tanto sostén emocional, posibilita generalmente un mayor alivio a través del intercambio, disminuyendo el sufrimiento psíquico que generan estos miedos.
El grupo deviene en un nuevo lugar de pertenencia, un refuerzo de la identidad y de la auto-estima tan vapuleadas porlas pérdidas. En el grupo, el adulto mayor escucha y es escuchado, se lo saluda, se lo menciona por su nombre (generalmente prefieren sus apodos), se lo espera, se lo extraña si no viene, vuelve a tener compañeros, configura nuevos vínculos.
Otros miedos
Claro que en esta época que vivimos otros miedos pegan fuerte en los mayores: la inseguridad los ha elegido muchas veces como centro de ataques por robo. La mayor vulnerabilidad y también una aprendida confianza los convierte en los más indefensos. Sin embargo, también en esto se encargan de aprender formas de cuidado y estrategias para actuar frente al peligro.

de, http://isalud.org/htm/pdf/pdfLazos/248Psicolog%C3%ADa-El%20miedo%20a%20morir.pdf

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